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Juego: Prince of Persia Trilogy.
Género: Acción – Plataformas.
Plataforma: PC, PS2.
(Analizamos la versión de PS2)

Cada cierto tiempo aparece de la nada un héroe que salvará a la humanidad. Un héroe que hará frente a desgracias y horribles adversarios y, alzándose victorioso, sus aventuras serán seguidas por todos, convirtiéndose en leyenda y en ejemplo a seguir por las generaciones venideras.

Ese héroe, tanto metafórica como literalmente hablando, ha sido Prince of Persia. Ha estado ahí, desde el principio, siempre un paso por delante de todos en su género. Y aunque quizás no tenga la fama desquiciada de otras franquicias, ni figuras de acción, ni modelos despampanantes haciéndole penosa publicidad, sí tiene algo que ya quisieran muchos: el respeto de todos, no solo de videojugadores a lo largo y ancho del mundo, sino también de creadores de juegos de la competencia.

Como ya mencionamos antes, a pocos días del próximo episodio de esta saga atemporal, que sin duda volverá a marcar pauta, en Legends SK os presentamos la 2a parte de un especial en honor al Príncipe. En esta ocasión, con el análisis de “Prince of Persia Trilogy”, compilación (para PC y PS2) mejor conocida como “La Saga de las Arenas del Tiempo” (PC, PS2, Xbox, GameCube, y algunos títulos en Wii, PSP y GBA).

Sands of Time
Estamos a finales de 2.003. La “Aventura 3d” es un género explotado en todas partes, pocas veces para bien. Lara Croft está aparentemente muerta, y Raziel no tiene justa competencia. La temática de estos juegos suele ser simple, recorre escenarios plagados de enemigos, interconectados entre si por puertas y tiempos de carga. Sortea obstáculos y plataformas, muere mucho, y sobrevive al peor mal que podría concebir la humanidad: una cámara salvaje e inhóspita.

Ante éste espectáculo desolador, llega casi de la nada, un título que hace fruncir el ceño a muchos. “¿Prince of Persia? Si, yo lo jugué de pequeño. Pero luego salió una versión 3d que era una puta pena. Seguro que ésta versión no es mucho mejor.” Ahhh.. incrédulos de poca fé…

Nada más empezar en juego, descubres su encanto. No se trata de escenarios hermosos y bien logrados (que lo son). No se trata de trampas crueles y astutas (que lo son). No se trata de movimientos fluídos y visualmente espectaculares (que lo son). Se trata de cómo el Príncipe es uno con el escenario. Donde otros atraviesan el nivel, el Príncipe lo surca como si se tratara de una coreografía. Cada precipicio, cada esquina, están cuidadosamente planificados para ser un espectáculo de movimiento.

Saltar, trepar, esquivar, rodar, correr por las paredes, oscilar en barras, caer. Simplemente por el placer de atravesar los escenarios de una manera tan suave y fluida, uno no puede despegarse del juego. Siempre quieres ver qué viene después, de qué manera te sorprenderá. No tardas mucho en adaptarte al escenario tan bien como el Príncipe y saber leerlo. Una muesca en la pared te dice, a veces, mucho más que un interruptor o una puerta. Si a esto le añadimos la increíblemente original presencia de las arenas del tiempo, que te permiten repetir unas veces, por breves segundos las acciones que llevas a cabo buscando evitar el error, tenemos en nuestras manos un producto donde la frustración que se relaciona en muchas veces con las plataformas en 3D, se evapora dejando un disfrute intenso y constante, de principio a fin.


Los únicos momentos donde el jugador se puede trancar, son, por lo general, los combates o uno que otro puzzle. Donde los primeros son generalmente repetitivos y largos, los segundos son radicalmente lógicos pero fáciles de resolver, si entiendes el funcionamiento del mismo. Perderse es una opción, si no prestas cuidado a las señales que el juego te da: un cambio de cámara sutil, una hendidura en la pared, un haz de luz curiosamente apuntado.

Visualmente, un espectáculo para la época. Es un mundo en ruinas donde puedes sentir que horas atrás hubo vida. Realmente sientes esa unidad entre los escenarios, y poco a poco te das cuenta que en vez de cruzar muchos niveles inconexos, estás ante un único y gran lugar. Característica que hizo grande al gran Ico.

La historia tampoco se queda atrás. Aún siendo sencilla, es contundente y muy bien lograda. Los personajes palpitan y es imposible no sentirse identificado con los comentarios del Príncipe, mordaces a veces, inocentes en otra, pero siempre con un doblaje excelente. Cada escena es de cine, y eso implica, además, una banda sonora de ensueño, que te transporta perfectamente al lugar. Mención especial al tema de los créditos “Time only knows“. Una de esas canciones que siempre querrás llevar en tu mp3.


Sands of Time es la síntesis de un buen juego. Cuesta creer que tanta emoción, tanta espectacularidad y tanta jugabilidad quepan en un solo DVD. Y si te parece poco, prueba buscar entre los escenarios una puerta secreta que te permitirá jugar en su totalidad el Prince of Persia clásico, port de su versión Mac. Los poseedores de la versión NTSC de Xbox, contarán con Prince of Persia 2, como extra. Algo que cualquiera apreciaria desquiciadamente.

Warrior Within
Un año después de “Las Arenas del Tiempo”, tocaba secuela. ¡Y qué secuela, señores! “El Alma del Guerrero” tomaba todos los elementos que hicieron grande a su predecesor y lo llevaron a un nivel épico. ¿Cómo imaginar un mundo más grande, más hermoso, más complejo y más desafiante que el del primer Príncipe? Solo de una manera: jugando ésta secuela.

Si en “Las Arenas…” teníamos la ilusión de estar atravesando un único pero espacioso lugar, en “El Alma…” nos damos de frente con algo mucho más que una ilusión: el castillo de la Emperatriz del Tiempo es un puzzle de proporciones inauditas, que deberemos recorrer, entender y, por supuesto, dominar. Si eso suena a mucho trabajo, espera un poco más, porque hay que recorrerlo, entenderlo y dominarlo en dos momenos históricos diferentes, “presente” y “pasado”, siendo, al final, dos entornos similares, pero con suficientes diferencias como separar las experiencias radicalmente.

Todo se ha llevado a un nivel superior. Gráficamente, corta el aliento (para la época, se entiende), todo ese nivel de detalle, no solo en el escenario, no solo en el Príncipe, sino también en los enemigos. Jugablemente, las plataformas y los puzzles son más desafiantes y requieren mucha más agudeza por parte del jugador. Pero, lo que se lleva el premio en esta ocasión, es el sistema de combate. Quizás a muchos no les gustara que en esta secuela se le diera más importancia a las peleas, pero, sería algo lógico de criticar si éstas fueran tan lentas o pesadas como las de “Las Arenas…”. Por el contrario, fué ideado un sistema libre de pelea, donde es el jugador y no el juego, quien decide CÓMO va a luchar. Variedad de armas, infinidad de combinaciones de golpes, interacción con los escenarios para llevar a cabo movimientos arrolladores…


Cada persona al mando generará, a las pocas horas de juego, un estilo de pelea personal y diferente al de cualquier otro, siempre que sepa lo que está haciendo: Los combates pueden ser una pesadilla si te limitas a presionar repetidamente un sólo botón, esperando que los enemigos (más inteligentes que nunca), vayan al encuentro de tu espada. Por el contrario, pueden ser experiencias fluidas y dinámicas, como el atravesar las plataformas, si luchas de manera inteligente y no te encasillas.

La historia se torna muchísimo más oscura y pesimista que en la desenfadada “Las Arenas…”, con todo lo que eso conlleva. Atrás quedaron los años donde el Príncipe era inocente y arriesgado. Aunque sigue siento terco y obcecado, los giros del destino le han enseñado a golpear primero y preguntar después. Donde antes era un héroe de cuento orgulloso y noble, ahora se alza un antihéroe amargado por el sufrimiento, un guerrero calculador que no dudará en llevarse por delante a cualquiera con tal de verse libre de la maldición que lo acosa.

Este cambio en la perspectiva de la historia, lo afecta todo. Los escenarios, los combates, el mundo en general. Y por supuesto, la experiencia del jugador. El crecimiento del Príncipe lo distancia como personaje: ya no estarás tan de acuerdo con sus decisiones, mucho menos con sus sentimientos. Pero esta vez no se trata de vengar a tu padre y rescatar a la que amas. Esta vez se trata de la supervivencia del más apto. Muchos critican y dejan de lado este juego por ser “demasiado emo” para los gustos más pueriles, hasta niveles insospechados. A veces sorprende lo que prejuicios contra lo diferente pueden cegarnos a todos. Los que esperaban más de “Las Arenas…” tuvieron que lidiar con un título con personalidad propia. Y eso no le gustó a todos. Pero más allá de gustos, el que niegue que “El Alma del Guerrero” es una evolución total de su precuela, en todos los aspectos, no solo a nivel jugable, sino también a nivel artístico y conceptual, simplemente, y con todo respeto, no sabe lo que dice.


¿Se nota que éste es mi favorito? ¡Espero que no! Pero es que las persecuciones del Dahaka o las partes del Espectro de las Arenas, son demasiado grandes. Mucho más que las contoneantes apariciones femeninas en éste juego.

The Two Thrones
Si comparamos la saga con la vida de una persona, vemos que “Las Arenas del Tiempo” podría representar ese momento ideal de la infancia, donde todo es brillante y utópico. Los buenos son buenos, los malos, malos. Pocas cosas son más importantes que lo nuevo, que la aventura. “El Alma del Guerrero” representaría esa etapa conflictiva de la adolescencia, donde muchos tienden a encerrarse y buscan diferenciarse de los demás, dándole más importancia al mundo introspectivo que al mundo exterior. Donde las diferencias entre el blanco y el negro son radicales, y el que no está contigo está en tu contra.

Siguiendo esta línea comparativa, “Las Dos Coronas” representaría la madurez del individuo. El punto a donde tarde o temprano llegamos todos, donde comprendemos que la realidad es más bien una sutil escala de grises, donde debemos meditar antes de actuar, donde entendemos, ¡por fin! que las cosas más importantes de la vida es sentirse seguro y en paz con uno mismo.

Como era de esperar, al año siguiente de “El Alma…”, sale este capítulo que cierra la trilogía. Quizás la mayor virtud de este juego sea aplacar a los fans de la saga que pelean entre si: le da gusto a los fans de “Las Arenas…” suavizando el dramatismo de la historia, acercándolo de nuevo a los tintes heróicos; y le da gusto a los fans de “El Alma…” evolucionando un poco más el sistema de combate y presentando un Príncipe mucho más maduro y complejo.


Gráficamente, de nuevo el avance es notorio y sorprendente. Ya no nos limitamos a atravesar un palacio o un castillo-ciudadela como en las anteriores entregas. Esta vez recorreremos Persia, desde los sucios callejones del ala pobre de la ciudad hasta las más altas torres del palacio del Príncipe, que no llega a tiempo para coronarse Sultán.

Jugablemente, también vemos muchas mejoras. Las plataformas de siempre son ahora más realistas, van más allá de grietas en las paredes convenientemente situadas, enfrentandonos a edificios, ventanas, etc. Los combates también se han mejorado, haciéndolos más intuitivos. Incluso, para los más expertos, puedes tomar por sorpresa a los enemigos y atacarlos por la espalda, al más puro estilo “stealth” como en Tenchu o, por supuesto, MGS3. Puede llegar a ser realmente satisfactorio aprovecharte de las arenas del tiempo (siempre presentes) para limpiar de enemigos una zona determinada sin que te detecten. Todo un reto, claro está, pero de los buenos. También se añaden escenas de carros de batalla, tal como en “Ben Hur”, donde tendrás que dirigir al caballo para esquivar obstáculos, mientras luchas contra los enemigos que te salten al paso.

Pero sin duda lo más innovador de este juego es la presencia del “Príncipe Oscuro”. Debido al constante abuso de las arenas, el Príncipe despertará a su lado más siniestro: una personalidad cruel y arrogante, muy acorde a la forma de ver las cosas en “El Alma…”. Cuando esta personalidad tome el mando, la jugabilidad cambiará totalmente: tanto las plataformas como los combates, serán distintos entre uno y otro “personaje”. De igual manera, los jefes serán experiencias muy notables y satisfactorias. No podía ser menos: títulos como God of War y Shadow of the Colossus ya estaban bien asentados en el público.

La historia busca cerrar la trilogía, quizás sacrificando algunos elementos, pero atando todos los cabos. El doblaje, como es habitual en esta saga, logra de manera especial hacerte sintonizar con las situaciones. Escuchar las discusiones entre las dos personalidades del Príncipe es una experiencia a la altura de ver discutir a Gollum y Sméagol. Y recordará, en muchas ocasiones, a los excelentes y simpáticos monólogos del Príncipe en “Las Arenas…”. Mención aparte del escenario donde se lleva a cabo la confrontación final: una de los conceptos más interesantes del género.


Lamentablemente, los años no pasan en vano, y la competencia no se queda atrás, aprendiendo de los apuntes de ésta misma saga, por lo que “Las Dos Coronas” falla en sorprender al jugador, especialmente después de las geniales mejoras que hubo entre “Las Arenas..” y “El Alma..”. Después de unas horas de juego, y después de las primeras impresiones, empiezas a tener en el fondo un poco esa sensación de “más de lo mismo”. Afortunadamente, el juego termina de manera correcta, ni muy rápido, ni muy tarde, cerrando el ciclo de la trilogía con broche de oro. (Muy de agradecer, al recordar el nefasto Prince of Persia 3D).

Ahora solo queda esperar a este viernes, con el Hype correteando por techos y torreones, para ver de qué manera se reinventará la saga, y con qué juegazo nos vuelve a sorprender el príncipe de los liftings y las reencarnaciones. Porque a fin de cuentas, casi todos creen que el tiempo es como un río que fluye seguro y veloz en una sóla dirección. Pero yo le he visto la cara al tiempo, y os puedo asegurar que están equivocados….

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