Entradas con la etiqueta ‘Streets of Rage’

Hace tiempo que quería escribir una entrada sobre una de mis formas de juego favoritas como son los juegos con opción a jugar en cooperativo.

Pero como yo soy como soy, purista de pies a cabeza, no podía escribir algo sobre juegos cooperativos sin echar la vista atrás acordándome de aquellas grandes aventuras que pude disfrutar junto al amigo de turno, y por supuesto, recomendando siempre que los juguéis aunque ya estén pasados de fecha. Sin más dilación, aquí os presento los que para mí, son los cooperativos más entretenidos que hubo en el pasado.

¿Quién no ha jugado alguna vez al mítico Streets of Rage? Yo creo que fue el primer cooperativo al que jugué, en este caso para la gran Megadrive. Nos poníamos en la piel de unos chicos duros que iban por la calle apaleando a todo enemigo que se acercara. Extremadamente divertido y entretenido, difícil en ocasiones haciendo que tuviéramos que dedicar más de un rato al juego para pasarlo. Una lástima que no se pudieran guardar las partidas obligándonos a pasarlo del tirón. Aún así, es un juego genial de principio a fin.

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No, tranquilos, no se trata de un debate sobre si los videojuegos deben ser cultura o no. Voy a estrenar una nueva sección en la que de vez en cuando os hablaré de alguno de esos juegos retro a los que tantas horas les hemos echado en esa época en la que Sony ni sabía qué era eso de los videojuegos.

Porque sí, señores, hubo vida antes de PlayStation, y para eso está Legend SK. Para recordar a los más jóvenes del lugar la de joyas (y no tan joyas) que teníamos antes en aquellos mágicos cartuchos. Los viejetes también podéis pasar a mirar, no os cortéis:

Si tuviera que hacer un ranking de “los juegos que más veces me he pasado”, casi con toda seguridad Streets of Rage estaría el primero. Nació en 1991 (más o menos) para la mejor consola de SEGA que ha habido y habrá jamás, la MegaDrive. No sé si será el mejor o no, pero al menos a mí ningún beat’em up me ha enganchado tanto.

En Streets of Rage tomábamos el papel de tres ex-policías que se enfrentan a toda la corrupción y delincuencia a la que se ve sometida una ciudad por culpa de un señor muy maloso y corrupto.

Blaze, Axel y Adam, de 21, 22 y 23 años respectivamente es el grupo de personajes disponibles para escoger.


Blaze y Adam, en cuanto a técnica, son prácticamente iguales. El único más o menos diferente era Axel, el cual era incapaz de estirar la pierna del todo cuando hacía una patada voladora (por suerte en Streets of Rage 2 sí podía). Es una pena, porque siempre me gustó más que Adam, pero por culpa de esto siempre acababa cogiéndome al negro.

Centrándonos en el juego en sí, teníamos que avanzar ‘topalante’ durante 6 o 7 niveles (no lo recuerdo ahora bien) en los que en cada uno teníamos al final un Boss que derrotar. Conforme avanzábamos en el juego, la awesomidad de los bosses aumentaba cada vez más, ¿cómo olvidar al mítico clon de Freddy Kruger?, que si te despistabas un segundo prácticamente es que desaparecía tu barra de vida. ¿Y qué me decís de los gordos cabrones con lanzallamas en la boca? Realmente nunca supe enfrentarme a ellos sin perder como mínimo una vida.

Los niveles a su vez también eran bastante espectaculares. Teníamos que recorrer escenarios ambientados en, desde una playa, hasta todo un hotel. Pasando por zonas tan poco habituales en este tipo de género como.. ¡UN ASCENSOR! (ni bien que me lo pasaba arrojando enemigos al vacío). O incluso un barco en movimiento.


Pero sin duda lo que hacía más interesante a Streets of Rage era su entretenidísimo modo cooperativo. Conectando otro mando en la consola podíamos pasarnos el juego con un colega. Pero eso sí, en vez de salir un boss al final del nivel, salían dos. Momento en el cual aprovechábamos para llamar a la policía pulsando el temido botón A. Digo temido porque nunca fallaba el nivel en el que sin querer, con la emoción del momento, lo pulsábamos y desperdiciábamos tan útil poder.

El gran handicap que tenía este modo cooperativo era que nos podíamos dar de ostias con nuestro compañero. Y en realidad lo peligroso no era que alguna vez sin querer le dieras una ostia a tu compañero en mitad de una trifulca, lo malo era que al dársela, este se cabreaba y te la devolvía. Lo que al final se resumía en mandar a la mierda todo el juego para organizar improvisados combates 1 VS 1.


En fin, hace poco me puse a jugar otra vez para recordar viejos tiempos, y que me aspen si no me lo he pasado mejor que en la mayoría de juegos de la actual generación. Streets of Rage era, y es, pura diversión. Si sois tan herejes de ni siquiera conocerlo, espero que no dudéis un segundo y os vayáis a robarle la Megadrive a vuestro amigo más cercano. O a compraros el Sega MegaDrive Ultimate Collection, que lo tiene incluido.

Un auténtico juegazo que todo el mundo debería probar.

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