stanleyportLa gran virtud que tiene un medio tan rico como el videojuego es que en él hay cabida para un sinfín de situaciones, planteamientos y mecánicas tan diferentes entre sí que cualquier observador no especializado en la materia podría tener problemas para identificar que lo que está viendo es realmente un videojuego.

Lo he dicho ya muchas veces en LSK, pero lo vuelvo a repetir: un Super Mario, cuya mecánica se ha mantenido intacta durante décadas, no es más videojuego (en el sentido explícito de la palabra, no hablo de calidad) que Journey. Ni éste más o menos que Heavy Rain, a pesar de ser tres planteamientos casi enfrentados.

Los tres son videojuegos, por mucho que los talibanes pesados de siempre se empeñen en desacreditar mecánicas como las de Heavy Rain porque “se juega poco”.

El mayor enemigo que tiene este medio son sus propios aficionados, que se empeñan en estigmatizar géneros o planteamientos solo porque a ellos no les gusta. Porque se consideran tan experimentados y sabios que son capaces de sentar cátedra, sin posibilidad alguna de discusión, sobre lo que debe ser o no un videojuego. Porque según parece debe existir una especie de biblia donde se estipula la cantidad de diálogos o mecánicas de juego diferentes que debe tener un videojuego para ser considerado como tal.

Lamentablemente a esa biblia aún no hemos podido tener acceso los simples mortales que escribimos en Legend SK. Por lo que tendremos que seguir pensando, a riesgo de ser quemados es una hoguera, que cosas como L.A Noire, Heavy Rain, Xenogears, Beyond o The Stanley Parable son tan videojuegos como los que más. Con todas las letras.

Toda esta parrafada en realidad viene porque en el análisis de 3D Juegos califican a The Stanley Parable como “un programa”, debido a que a su planteamiento “no se le puede llamar videojuego”. Creo que no hace falta que comente nada, ¿verdad? Imagino que al cine experimental lo llamarán “una sucesión de imágenes”, en vez de película.
Seguimos poniendo barreras a los videojuegos. Y seguimos poniéndolas nosotros mismos, que es lo más triste de todo el asunto.

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Lo cierto es que The Stanley Parable sí se escapa de las convencionalidades que lleva planteando el medio durante toda su historia. Y lo hace por una razón: pretende enseñar algo, exponer una idea, expresar un sentimiento.

The Stanley Parable es un videojuego que se critica a sí mismo. Una función recursiva a la que tienes que entrar una y otra vez hasta darte cuenta de su comportamiento. No es el único mensaje, pero sí el más potente: que la libertad de decisión en los videojuegos es una pantomima, y que está sobrevalorada. Es una ilusión que colocan delante de nuestra frente para contentarnos, para tenernos callados, pero que no deja de ser el viejo truco de ponerle la zanahoria delante al burro para que camine.

The Stanley Parable trata de eso, de enseñarle al jugador lo absurdo que resulta hablar sobre libertad dentro de un videojuego. Y te lo enseña de la mejor manera posible: escupiéndotelo a la cara una y otra vez, constantemente, y experimentándolo a la fuerza por ti mismo.

Explicar la forma en que consigue hacer llegar el mensaje es estropearos gran parte de la experiencia. Porque, como sucede en juegos como Portal (del que The Stanley Parable bebe descaradamente en su narrativa), aquí lo importante es la forma en que te cuentan las cosas, las sorpresas que te llevas mientras experimentas por ti mismo. La constante ruptura del cuarto muro.
Reduciéndolo todo a la mínima expresión, la mecánica es tan simple como caminar por pasillos siguiendo una flecha (literalmente en ocasiones). No hay nada más. The Stanley Parable es una lucha intelectual entre jugador-narrador representada de forma tan sencilla y efectiva que incluso incomoda.

De un pequeño grano de arena como la toma de decisión tan primitiva de elegir una puerta u otra en un pasillo, sus creadores han conseguido crear una montaña inmensa por el que el jugador empieza a dar vueltas mientras se construye el mensaje.

Como decía más arriba, no hay un único tema. La libertad en los videojuegos es tratada con mucha mala leche en este juego, formando el grueso de la crítica, pero también se atreven a ir más allá con dilemas existenciales bastante jodidos. Y es en ese momento cuando pueden saltar chispas entre el jugador y la pantalla, y causar cierto rechazo por el tufillo pedante que empieza a desprender.

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Dejando a un lado esto, The Stanley Parable es un videojuego increíblemente original y divertido por su extraño planteamiento.
Nunca antes nadie se había atrevido a hacer una crítica tan feroz sobre el dichoso tema del libre albedrío digital. Y desde luego lo último que hubiéramos pensado es que el responsable de algo así fuera un propio videojuego, criticándose a sí mismo y al resto de sus hermanos.

Toneladas de guiños (casi rozando el plagio) a muchos videojuegos y un gran sentido del humor hacen de The Stanley Parable una experiencia que todo aficionado a los videojuegos debería experimentar.

A muchos os parecerá una chorrada, y de hecho es muy posible que lo sea. Pero propuestas así deben ser siempre tenidas en cuenta. Porque demuestran lo que siempre he defendido aquí: que los videojuegos pueden ser algo más que simple entretenimiento. Y utilizar el medio para lanzar una crítica, dejando a un lado la jugabilidad, es perfectamente válido y plausible.

Por mucho que escueza.

4 comentarios para “The Stanley Parable”

  • maquinangel dice:

    Pues hay que probarlo. Se ve muy interesante. Hace poco lei un articulo en vidaextra, http://www.vidaextra.com/fps/mark-rubin-de-infinity-ward-muchos-jugadores-de-call-of-duty-no-son-hardcore-o-ni-siquiera-jugadores.

    Todos son videojuegos, lo que cambia son los jugadores y lo que cada uno de ellos busca al hacer esta actividad. Y es cierto, no porque Mario salte y se cambie de traje, y mil cosas mas, el objetivo ha sido el mismo, ya sabemos cual, no es diferente de los demas.

  • Melzas dice:

    A mí el debate de si es un videojuego o no me parece una soplapollez supina, sinceramente. Puedes llegar a considerarlo ‘no videojuego’ y no por ello tiene que ser peor, puede ser magnífico. O puedes considerarlo un videojuego, pero no por ello tiene que merecer la pena. Eso sí, parece que hay peña que considera videojuego sólo a los que respetan un determinado esquema o planteamiento. Por mi parte, son bienvenidas todas las iniciativas y buenas ideas que contribuyan a que no haya solamente en el mercado versiones remozadas, descafeinadas y ‘accesibles’ de determinadas mecánicas jugables de los 80 y 90.

    Y me apunto el juego. Si no es muy largo, caerá este finde o el siguiente.

  • TheGenderBender dice:

    Justo lo terminé ayer. Me terminó pareciendo un gran juego. Basar toda la experiencia en la metadiscursividad y que aun así no sea aburrido ni pomposo es un gran logro. La intención de The Stanley Parable es obviamente interpelar al jugador, plantearle algo, y el jugador sabe desde los primeros minutos que el juego trata de eso; por esta razón es tan efectivo. Es transparente en sus intenciones.

    Cosa que parece difícil de entender para muchos analistas es el hecho de que The Stanley Parable es un videojuego, de los análisis que leí la mayoría intentaba incliurlo en alguna novedosa categoría inventada para la ocasión. Y desde ahí se marcaba distancia: “Esto no es un videojuego, es alguna otra cosa” Mejor o peor, no importa, la restricción ya se había hecho.

    Y es tan sencillo; un videojuego lo es si su lenguaje narrativo es la acción, esté o no acompañado por otros.

  • Ricardo_chktno dice:

    pues si apretar botones como en un telefono se considera “jugar” entonces heavy rain es un videojuego.

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